MISTERIOS GLORIOSOS

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1er. La Resurrección del Señor – Gracia a pedir durante el Misterio:  Fe.  (Juan 20:24-29)

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Contempla la siguiente escena: Estas, quizá, con tu  familia y amigos. Estas con tu corazón cerrado por la duda, la falta de fe. ¿Podrá Dios amarme de esa manera tan increíble hasta tener Sed de mí? ¿Será que Él me Anhela Infinitamente y Anhela Amarme, así como soy?  O ¿estás con tu corazón cerrado por el resentimiento, o por las heridas del pasado? ¿A quién no has perdonado? ¿A ti? ¿A Dios? ¿Alguna otra persona? ¿Qué te cierra el corazón al Encuentro pleno con Cristo Vivo y Victorioso? El Amor Sediento de Dios venció el mal y la muerte y viene a tu encuentro en Cristo Resucitado. ¿Estás listo para recibirlo?

 

"Son inmensos los beneficios que cada día recibe el pueblo cristiano por el Rosario"

 Papa Urbano IV.

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2do. La Ascensión del Señor – Gracia a pedir durante el Misterio: Esperanza. (Hechos 1:6-11)

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Contempla la siguiente escena: Estas en un Monte elevado, con un grupo de personas y Jesús se aparece, glorioso, resucitado. Te dice: ¡Mírame, tengo todo poder en el Cielo y la tierra, pero te necesito, para anunciar mi Buena Nueva a las naciones! Estoy Sediento de almas, anhelo a dar a conocer mi Amor. Necesito portadores de mi Amor. ¿Te reusarás a hacer esto por mí?  ¡Si solo supieras cuanto duele ver esas almas perderse en el pecado sin conocer mi Amor! Tengo Sed de ellas.

 

"En el Rosario he hallado los atractivos más dulces, más suaves, más eficaces y más poderosos para unirme con Dios"

Santa Teresa de Ávila.

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3er. La Venida del Espíritu Santo – Gracia a pedir durante el Misterio: Celo y amor por las almas.. (Hechos 2:1-4)

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 Contempla la siguiente escena: Estás en el Cenáculo con María y otras personas. Están orando. Pidiendo por una nueva efusión del Don del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el fuego del Amor de Dios. El Amor de Dios fue derramado por el Espíritu Santo que hemos recibido. Por eso desciende en forma de llamas. Pero también, es la fuente de Agua Viva que sacia nuestra Sed de Amar y ser amado. Abandónate a la acción del Espíritu Santo, déjate amar por Dios, ofrécete en Oblación, déjate consumir por Su Amor. Pídele transformarte en canal de Su Amor para los demás, especialmente los más pobres entre los pobres.

 

"... La Santísima Virgen nos dijo, tanto a mis primos como a mí, que dos eran los últimos remedios que Dios daba al mundo: el Santo Rosario y el Inmaculado Corazón de María"

Sor Lucía de Fátima.

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4to. La Asunción de Nuestra Señora a los Cielos – Gracia a pedir durante el Misterio:  Unión con Dios, contemplación. (Salmos 16:8-11)

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Contempla la siguiente escena: Te encuentras a solas con  María en una habitación. Ella se despide de ti. Ella te habla de lo hermoso que es el Cielo. Donde ella va, un día estarás tú también. Jesús ansiosamente te espera. Te dice: “hijito aquí quizás tengas que sufrir, por causa de mi Hijo, quizás no sea fácil, pero recuerda que mi hijo te espera como a mí ahora, para celebrar eternamente Su triunfo en el Paraíso”. Donde no habrá tristeza, no rechinar de dientes, solo felicidad. Estaré contigo acompañándote para que no vayas a perder el camino.   

“Nosotros debemos ser fuertes y estar preparados, y confiar en Cristo y en su Madre, y ser muy, muy asiduos en el rezo del Rosario.”

San Juan Pablo II

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5to. La Coronación de la Santísima Virgen María. – Gracia a pedir durante el Misterio: Confianza en la intercesión de María. (Apocalipsis 12:1-5)

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Contempla la siguiente escena: Imagínate ya en Cielo, celebrando de felicidad. Todo es dicha, gozo, amor y paz.  Siente algo de esa dicha. Mira los Santos, y Ángeles por todas partes, todo es belleza, y gloria. Ves, quizás, a tus antepasados difuntos. De pronto, como si se corriera un telón, te encuentras en un lugar como un gran palacio, en el centro hay un gran trono, todo los demás están sentado en tronos más pequeños y coronados también y al lado del trono principal: “el trono de Dios”. Hay otro trono grande también, es el preparado para María. María es coronada y se sienta en el trono. Uno a uno va a consagrarse a ella, a hacerla personalmente la señora de sus vidas, tú también vas, le consagras tu vida para saciar la Sed de su hijo. La haces señora y dueña de tu vida, dándole todo derecho sobre ti, tus cosas y seres queridos.

 

«El Rosario, en su sencillez y profundidad, es un verdadero compendio del Evangelio y conduce al corazón mismo del mensaje cristiano».

San Juan Pablo II